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jueves, 19 de agosto de 2010

"El espejo" H.Murakami

Un grupo de chicos jóvenes, estaban contando algunas de sus experiencias terroríficas, tales como si alguna vez habían visto un fantasma o si habían tenido miedo por algo.
Le tocó el turono a él. Contó que una vez, en su etapa adolescente, le ofrecieron un trabajo de guardia de noche en un instituto. Debía de dar dos rondas, una a las doce, y otra a las tres de la madrugada.
Cada día iba apuntando en su cuaderno un OK por cada sitio que pasaba, pero esa noche, al ir a hacer la segunda ronda que le tocaba, se sintió algo extraño y cuando  tuvo que subir al cuarto de calderas vió algo raro enfrente suyo. A él mismo frente a un espejo que nunca existió.
8/10

Parece que al señor Murakami se le dan bien las historias de miedo e intriga...

"Avión...o cómo hablaba él a solas como si recitara un poema" H.Murakami

Él tenía veinte años. Ella treinta y siete. Estaba casada y tenía una hija. Decía que erea muy feliz en su matrimonio y que nada le faltaba, pero se acostaba con él cada día. Él se preguntaba el por qué, si tan feliz era no le haría falta, pero nunca llegó a preguntárselo.
Cada día la veía, ella lloraba y después se acostaban. Apenas hablaban mientras lo hacían, y casi tampoco después. Pero ella decía que él hablaba sólo y ni se enteraba, que decía no se qué sobre los aviones...
5/10

miércoles, 18 de agosto de 2010

"La tragedia de la mina de carbón de Nueva York" H.Murakami

Todos sus amigos estaban muriendo. Uno tras otro, y ninguno superaba los treinta años de edad.
El primero fue un amigo y profesor de ingles suyo en la universidad. Compró dos botes de espuma, y una navaja de afeitar en unos grandes almacenes, volvió a casa y puso a calentar el agua del baño. Se sirvió un Whiski y despues de tomárselo se cortó las venas dentro de ella y murió. No dejó ninguna nota y hasta pasados unos días que lo descubrieron, nadie lo hechó en falta.

El siguiente en un accidente en los yacimientos petrolíferos de Kuwait y en Junio murieron otros dos más. Uno de un fallo cardiaco, el otro en un accidente de tráfico. Unos meses más tarde otra amiga murió en la carretera.
Tras una temporada fatídica, parece que la cosa se calmó.
Volvió a devolverle el traje de luto a su extraño amigo, y despues de tomarse unas cervezas bien frías, salieron a un bar.
Una vez allí se le acercó una mujer y le dijo:
-¿Sabes? eres idéntico a mi marido.
-¿De veras? respondió el. Me gustaría conocerle entonces.
-Pues la verdad es que si, que os pareceis mucho, pero murió hace cinco años, asi que ya no puede ser.
-Vaya- dijo él. Una pena.
-Lo maté yo- contestó riendose y se marchó.

Apareció en la oscuridad, no se oía nada, nadie hablaba. El minero más viejo le dijo que respirase lo menos posible, que no había apenas oxígeno.
6.5/10

"La chica del cumpleaños" H Murakami

17 de Noviembre. 22:00 pm. Japón.
El día de su vigésimo cumpleaños, una chica llega al restaurante italiano en Roppongi ya que le toca trabajar esa noche.
Pero ese dia para esa va a ser distinto...

Subió por primera vez a llevarle la cena al encargado, que estaba en una habitación del hotel que se encontraba justo encima del restaurante. Nadie antes le había visto, solo el otro camarero que le subía la cena habitualmente, y que esa noche se empezó a sentir mal y se tuvo que marchar, dejándole a ella el recado.
Se paró ante la habitación 604 y llamó. Al poco tiempo apareció un anciano, muy bien vestido y la invitó a quedarse un rato con él. Ella aceptó.
Desde la ventana de su cuartos e veía la Torre de Tokio. Éste al enterarse de que cumplía años, la dijo que pidiese un deseo, el que quisiese, y lo único que sabemos, es que no le pidió ni ser hermosa, ni inteligente, ni rica.
Se despidió del viejo, salió de la habitación, y al poco tiempo, dejó el restaurante.
6/10

martes, 17 de agosto de 2010

"Sauce ciego, mujer dormida" H.Murakami

Un chico de veinticinco años que acaba de perder a su abuela, ha roto con la novia que tenía desde que era adolescente y ha dejado la agencia de publicidad de Tokio donde trabajaba, regresa a Kobe para llevar a su primo, al que saca once años, al otorrino, ya que éste tiene serios problemas de audición.
Mientras le están tratando, le espera en el comedor del hospital pensando en la ultima vez que estuvo allí.
Fue hace unos años, cuando un viejo amigo que después se suicidó, le pidió que le acompañase a ver a su novia. Pensó en la ropa de la chica, en lo que comió, en su pequeño pecho, y en la poesía que había estado escribiendo mientras estuvo ingresada. Ésta trataba más o menos de lo siguiente:
En lo alto de una montaña, había una mujer en una pequeña casita, durmiendo. Dormía porque el polen de los sauces ciegos se había metido en su interior a través de las moscas que lo transportaban. Un día un joven decidió ir en su rescate, pero fue inútil porque cuando llegó, ya no quedaba la más mínima parte con vida en su cuerpo. Había sido terriblemente devorada por las moscas.
Su primo salió de la consulta y mientras hablaban de John Wayne en "Fuerte Apache" subieron en un viejo autobús y regresaron a casa.

viernes, 25 de junio de 2010

La caza del carnero salvaje "Haruki Murakami"

...Así que, durante una semana, mi vida se centró en la contemplación de aquellas fotos de una oreja. Con cinta adhesiva transparente las fijé a la pared ante mi mesa de trabajo, y mientras fumaba, o bebía café, o me zampaba un bocadillo, o me cortaba las uñas, no les quitaba el ojo.

Logré despachar el encargo con más o menos fortuna en el plazo fijado, pero las fotos de la oreja siguieron pegadas a la pared, en parte por el latazo que era despegarlas, y en parte porque su contemplación se había convertido para mí en algo cotidiano.
Sin embargo, la razón más importante por la que no despegué de la pared las fotos para sepultarlas en un cajón, era el hecho de que aquella oreja, desde cualquier ángulo que la contemplara, ejercía sobre mí una tremenda fascinación.
Era una oreja revestida de una forma enteramente onírica, sin dejar de ser al mismo tiempo un apéndice auricular al ciento por ciento.
Ante ella experimentaba la mayor atracción jamás sentida en toda mi vida hacia una parte cualquiera del cuerpo humano, incluidos, naturalmente, los órganos genitales. Tenía la sensación de encontrarme en el centro de un gran torbellino.
Una de sus curvas cortaba decididamente la foto de arriba abajo, con una audacia que superaba todo lo imaginable; otras creaban pequeños islotes de sombra misteriosamente delicados y llenos de secretos; de otras parecían emanar innumerables leyendas, como si de antiguas pinturas murales se tratara. La suavidad del lóbulo de aquella oreja, en especial, no tenía parangón sobre la faz de la tierra, y en esponjoso espesor de su carne resultaba más deseable que la propia vida.


"La caza del carnero salvaje"  HARUKI MURAKAMI